A tus ojos,
que muestran dos formas contrarias de perfección,
coordinando pueden inmiscuirse en cualquier habitación,
desnudarse a la luna al dulce son de tu voz,
y ser fieles hasta perderse con el primer rayo de sol,
convertirse en brisa, y sólo a veces, cuando es prudente,
pasearse como lo harían tus labios rozando el borde de de una rosa,
saciándola de ti, desde el viento hasta la raíz.
A tus ojos,
como musas del artista que no busca explicación,
debería prohibirseles impregnarse en mi colchón.



old one

Caminemos hermanos,

que la vida reitera y nada más,
que el cuerpo espera y no pide paz.
Y si no tenemos alas,
es porque no necesitamos aletear.

Hermanos, no de fe, sino de sangre,
engendrados por la misma e inevitable sociedad,
criados por un idéntico temor,
evitemos con capa y acciones
concebir una prole condenada a la indistinción.

Abandonemos hoy los rigurosos reclutamientos
que tanto nos acongojan desde el sol hasta los sueños.
Todos por ser parte de un tropel que ciegamente,
sigue las sendas ya recorridas y ya lamentadas
por aquellos que muy tarde lograron volar.

Tomemos un camino por igual,
que nunca sea el mismo y cada quien
se sepa aventado por el soplo de su complacencia.
Y seguir así hasta alzarnos y evaporarnos
junto a las nubes que rodearán nuestra ufanía.

Gritemos hermanos,
que el cielo te escucha y pide más,
que tienes aliento de vida justo atrás.
Y si no tenemos alas,
es porque no queremos volar.

Y qué hago hoy con este pilar de versos
que yacen en el buró de mi fracaso,
ahí, arrinconados entre el polvo de mis anhelos,
recibiendo, de vez en cuando,
la resolana de mi lenta y precisa visita
sólo para cerciorarme que aún descansan,
inmutables y desfallecidos hasta el ultimo renglón.


¿Dónde colocaré el siguiente montón de consecuencias?
s
i mis memorias están atadas al bosquejo de mi vida,
justo allí, en medio del borde y la pared,
como esperando una ventisca para tocar el suelo otra vez.

No quiero ni tan sólo pensar cuál de mis fotografias
recibirá el peso de los cimientos que hoy sostienen mis palabras.
Si llegaran a flaquear, no hay acciones a cuales asirse,
y mi gallardía solamente podría desolarse y contemplar.

Y tengo miedo de arrodillarme y tenderme en mi buró,
pero éste, que me estremese, me hace encontrarme aquí.

¿Qué el miedo te hace errar a la segura?
Tal vez, mas sólo tal vez.

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