Pensando en cómo decirte esto,

descubrí que no basta y que me sobra
un simple y abrumador te quiero.

Pues se puede querer en la noche,
y escupir lo dicho por la mañana.
Es posible querer con desmesura
hasta esperar sentado en la ventana.

Unos quieren con interés en pecho,
otros sólo cuando el deber les llama,
y los que se salvan, lo hacen con desgana.

Hay quien lo dice con mucho afecto,
mas simplemente cuando extrañan.
Incluso algunos se quieren con talento,
tanto que ya la costumbre entrañan.

Pero de mí hacía ti no hay dos palabras
que encierren lo que mi cuerpo hoy guarda,
o que detengan lo que hoy ya nadie acobarda.





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